11/24/2015
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El hogar de la humanidad tiene fecha de caducidad, eso es indiscutible, es por ello que la única opción que tenemos será la de abandonar el sistema solar. Pero para ello tendremos que embarcarnos en las naves generacionales interestelares.

Bueno, aunque esto suene a ciencia ficción y que el planteamiento podría ser a muy largo plazo hay una organización que tienen planes de hacer exactamente esto en los próximos cien años.

Y el planteamiento de esta visión pasa precisamente por lo más importante, construir una nave auto-sostenible semejante a la mítica Arca de Noe. Una gran “mundo-nave” que permita que la raza humana logre sobrevivir a una catástrofe a nivel global.

Apodada Proyecto Perséfone, esta investigación tarta de averiguar cómo podría sobrevivir una misión tripulada más allá del sistema solar. Y la conclusión es más que evidente, estas naves generacionales deberán ser auto-sostenibles, y no solo hablamos de alimentos, agua y oxigeno, sino que también deberán permitir avances sociales y tecnológicos.

En esencia, cualquier vehículo tripulado que enviemos al espacio interestelar y que no sea capaz de alcanzar la velocidad de la luz necesitara albergar un floreciente ecosistema.

Proyecto Perséfone es un estudio para la organización internacional sin ánimo de lucro lcarus Interestellar, la cual tiene la esperanza de que algún día se logre realizar el primer vuelo interestelar tripulado, y para ello plantearon ya hace más de dos años el proyecto One Hundred Year Starship.

Así, con mas intención que posibilidades, los participantes en este proyecto creen que en unos cien años deberíamos ser capaces de construir una de estas grandes naves que nos permitan viajar mas allá del sistema solar y alcanzar otros sistemas estelares.

Aunque el mayor problema para esta misión será la velocidad de viaje, todo parece indicar que las naves no serán capaces de superar la velocidad de la luz, y aunque el motor warp queda muy bien en la saga de Star Trek, difícilmente se pueda desarrollar una tecnología que nos permita curvar el Universo.

Por ello, cualquier misión a los sistemas solares cercanos podría tardar varios milenios en llegar, aquellos primeros viajeros que se embarquen en una nave con este propósito jamás llegara a su destino. La nave tendrá que permitir que sobrevivan en su interior decenas, sino cientos de generaciones.

Y para lograr que una misión de este tipo sea posible se requieren iniciativas como proyecto Perséfone, así lo señala Rachel Armstrong, arquitectura de la universidad en la Universidad de Greenwich y líder del proyecto.

Y es que como señala Armstrong, no se trata de coger un montón de suministros y meterlos en una nave, sino que se ha de lograr crear un medio ambiente sostenible en un sistema cerrado “Seremos capaces de hacer crecer un ecosistema a partir de cero?”

Es por ello que el trabajo de Armstrong sugiere que si queremos construir una nave espacial interestelar dentro de 100 años, de lo cual está bastante segura, esta debería ser como una mini-Tierra. “Tendremos que tener en cuenta el suelo, los ciclos climáticos y otros procesos que sustentan nuestra existencia” comento.

Pero no solo necesitamos sistemas que nos permitan sobrevivir, sino que estos deberán permitir avances tecnológicos y sociales que se anticipen a los que podrían ocurrir en la Tierra.

En lugar de presuponer las necesidades de una civilización interestelar y situar lo necesario en las bodegas de la nave, los viajeros terminaran adaptándose a una existencia totalmente ajena a la humanidad, experimentaran sus propios ritmos físicos y químicos.

“Perséfone se acerca a la idea de una vida en el espacio dentro de una mundonave adoptando un enfoque de construcción desde abajo hacia arriba”, señala Armstrong en su investigación.

“Al entender las interacciones físicas y químicas básicas que se pueden formar espontáneamente en los sistemas que conforman el flujo de materia a través de la mundonave, puede ser posible crear eventos dentro de ellos, tales como el crecimiento y la descomposición, en torno a los cuales la actividad humana pueda prosperar.”

"Paradójicamente en la Tierra hemos arruinado los suelos más fértiles durante la construcción de las ciudades, por lo que básicamente la idea es ver qué tipo de vida podría sustentar un suelo del espacio», explicó Armstrong.

Y aunque Armstrong señala que la naturaleza de este proyecto es altamente especulativa, también reconoce que desconoce si será posible construir una nave similar en el plazo previsto de 100 años. Pero también recordó que Icarus Intelestellar no es la única organización que ha realizado el mismo planteamiento.


La NASA y la Defense Advanced Research Projects Agency (DARPA) han trabajado desde hace tiempo en un proyecto similar, 100-years Starship.

“Creo que el consenso para la próxima generación de naves espaciales es de 100 años”, comento Armstrong indicando que todo dependerá de varios factores como el progreso tecnológico y el apoyo cultural, sin olvidar el más importante, el de la financiación.

Y como buen arquitecta que es, Armstrong añadió que, con el fin de mantener constante apoyo, parte de la tecnología diseñada para estas naves espaciales deberían ser extrapolables a las ciudades terrestres, lo que permitiría que los ciudadanos pudiesen ver como surgen aplicaciones utilizables durante su vida cotidiana gracias a este tipo de investigaciones.



Fuente: http://espacioprofundo.es/2014/04/28/una-nave-interestelar-para-salvar-a-la-humanidad/
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