9/17/2015
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La cueva de Chauvet, ubicada cerca de la pequeña localidad de Vallon-Pont-d’Arc, junto al río Ardèche, sur de Francia, contiene una de las muestras de pintura rupestre más exquisita y antigua del mundo entero. La mayor parte de los dibujos y pinturas se remontan a unos 32.000 años atrás y se conservan como si se hubieran pintado ayer.


La cueva de Chauvet es inusualmente grande y la calidad, cantidad y estado de las obras de arte encontradas en sus paredes son sencillamente espectaculares. La Cueva fue milagrosamente preservada por el desprendimiento de una pared rocosa hace 23.000 años aprox., que la mantuvo cerrada y asilada de la humanidad hasta su redescubrimiento en 1994, realizado por los espeleólogos Jean-Marie Chauvet, Christian Hillaire y Eliette Brunel. En el 2014 la UNESCO la incluyó en su Lista del Patrimonio de la Humanidad.


En las paredes de la cueva están representados 424 animales de 14 especies diferentes, un bestiario completo de fauna salvaje: osos de las cavernas, panteras, caballos, renos, mamuts, bisontes, leones, hienas, rinocerontes lanudos, entre otros.


Aparte de los animales, en las paredes de la cueva también pueden apreciarse unas diez manos en negativo y positivo, representaciones de sexos femeninos y signos de puntos formando figuras no descifrados hasta la fecha.

DATACIÓN Y OCUPACIÓN

Basándose en la datación por radiocarbono del «hollín sobre los dibujos y del suelo, procedente de las antorchas», según el especialista Jean Clottes, el primer especialista que entró al lugar, «las fechas se dividen en dos grupos, uno centrado alrededor de 32.000-30.000 AP y el otro alrededor de 27.000 – 26.000 AP». Se han fijando las fechas de 31 muestras de la cueva, siendo la más antigua, de 32.900 (± 490) AP.

De acuerdo a estos estudios la cueva habría sido ocupada por los seres humanos durante dos períodos distintos: el Auriñaciense y el Gravetiense. La mayor parte de la obra de arte se remonta a la más antigua de las dos eras, el Auriñaciense (30.000 a 32.000 AP).


La posterior ocupación gravetiense, que se produjo hace 25.000 a 27.000 años, dejó poco más que huellas de un niño, los restos carbonizados de hogares antiguos y las manchas de humo de las antorchas que iluminaban las cuevas. Se ha determinado que el hombre de aquel entonces no utilizó la cueva como vivienda sino exclusivamente como lugar para pintar, quizás parte de sus ritos.

Después de la visita del niño a la cueva -cuyas huellas pueden ser las más antiguas halladas hasta la actualidad-, esta quedó bloqueada sin otro contacto con el mundo, hasta que fuera redescubierta en 1994.


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