5/05/2014
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Los costes de fabricación de las 30 piezas que componen la mano protésica de Kylie Wicker apenas alcanzan los 10 dólares.

La democratización de la impresión 3D, animada en parte por la mayor accesibilidad económica a este tipo de dispositivos y el interés generado en torno a sus posibilidades, ha dejado de ser desde hace tiempo una tecnología exclusiva de laboratorios y centros de investigación. Uno de los ejemplos más recientes nos llega desde una escuela de secundaria de Illinois, donde gracias a la impresión 3D de una mano protésica, los estudiantes han devuelto la movilidad a una niña de 9 años de edad que nació sin dedos en su mano izquierda.

Los cerca de 50.000 dólares que costaba la prótesis de mano para la joven Kylie, obligó a la familia Wicker a buscar otras alternativas económicas mucho más viables. Pero el visionado en Internet de un video demostrativo sobre la fabricación de una mano de plástico con una impresora 3D, animó a Jeromy Wicker a contactar con la Escuela de Secundaria Boylan para estudiar la posibilidad de poder fabricar una mano para su hija con la impresora 3D del centro.


El profesor del departamento de expresión gráfica de la escuela Boylan, Bud Mayo, se interesó por el caso de la joven Kylie y organizó un equipo de diseño entre el profesorado y los estudiantes con el fin de diseñar una mano protésica de plástico que pudiera encajar en los nudillos de la niña. A pesar de que era la primera vez que se enfrentaban a un reto como este, en tan solo unos días fueron capaces de modelar los dedos y el mecanismo de articulación con la impresora 3D MakerBot que dispone el centro para los trabajos docentes de tecnología.

La solución pasaba por diseñar e imprimir unos dedos de plástico y el mecanismo de articulación que debía conectar la muñeca de la joven para permitir el movimiento de la mano. Una vez creada la base que debía encajarse sobre los nudillos de la mano, se creó un mecanismo de articulación que conecta cada uno de los dedos con la muñeca mediante un sistema de tensores flexibles. De forma que al doblar la muñeca hacia arriba, se tensan los cables que conectan los dedos, cerrando la mano para poder sujetar un objeto de forma firme.


Pero quizá lo más interesante de la impresión 3D de una mano protésica como esta sea, que el coste de las 30 piezas que componen la prótesis y el mecanismo que mueve la mano apenas alcanza los 10 dólares. Una cantidad más que accesible para los padres de Kylie, que han visto como la impresión 3D y su difusión a través de la red han devuelto la plena movilidad a la mano de su hija por un coste irrisorio y en tiempo récord.

A partir de ahora, la joven estudiante de tercer grado de la Escuela Primaria Whitman Post de Rockton, lo tendrá mucho más fácil a la hora de realizar tareas cotidianas como ir en bici o sujetar objetos con ambas manos.




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