1/25/2014
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Siempre que alguien me llama para decirme que encontró un polluelo abandonado o un ave herida, trato de averiguar de qué pájaro se trata para decidir el equipo de primeros auxilios que debo llevar. No es lo mismo si es un ave que se alimenta de insectos, que si es un miembro de la familia de las palomas, que aunque de adultos comen granos, cuando pequeños son alimentados con una “leche” que segregan del buche. También necesito saber el grado de desarrollo, pues los pichones muy jóvenes requieren de calor. En todos los años que tengo bregando con esto, he oído las descripciones más estrafalarias de aves que uno creería comunes y conocidas por la mayoría de la gente.
Una vez que una amiga de mi hija Évelin le comunicó que hacía 2 días que tenía un pichoncito. Un par de preguntas bastaron para saber que se trataba de una cigüita común (Coereva flaveola). Mi hija no pudo contener la risa cuando la chica le dijo que lo había estado alimentando con trocitos de espagueti. Fue, según ella, lo que encontró más parecido a los gusanitos que le dan sus padres. Inexplicablemente el pichoncito había sobrevivido. ¡Dios protege al inocente! En otra ocasión, una señora me comunicó que tenía un ave muy rara, con una combinación de rojo, amarillo y negro. Pensé se trataría de un ave exótica, pero resultó ser un pájaro carpintero. Una vez me llamó una amiga para decirme que tenía tres pajaritos ya emplumados. Le hice las preguntas de rigor: ¿Cómo es el pico? ¿Cuál es el color? ¿Cómo es la cola? Mi amiga me respondió cortante: “Simón, son como marrones, tienen un pico y una cola. Ven rápido antes de que mis gatos se los coman. Si yo supiera de pájaros no te estaría llamando.” A raíz de la sustitución de un poste de luz en Naco, me llamaron porque habían encontrado 3 pichones en un hueco del poste. Como no lograba una descripción adecuada de la persona que los tenía, le pedí que los mirara bien y me dijera que le parecían. “-Dinosaurios” fue la respuesta. Y es que aunque parezca extraño, los polluelos de carpinteros recién nacidos hacen pensar en ciertos dinosaurios voladores.

Hay una especie, sin embargo, que identifico de inmediato sin necesidad de hacer ninguna pregunta, pues todo el que la encuentra siempre dice lo mismo: “Encontré un pájaro más feo que el diablo. Tiene una boca enorme y parece peligroso. Ven a buscarlo pronto antes de que alguien lo mate.” Se trata, invariablemente, del inofensivo Caprimulgus carolinensis, una especie migratoria de la familia de los chotacabras españoles, muy común en RD en el período migratorio (Septiembre/marzo). A pesar de su aspecto amenazante, esa bocota sólo les sirve para atrapar insectos al vuelo, pero ellos han descubierto que cuando la abren de repente hasta los perros se asustan. Este mes rescaté uno que llevaron al taller de mi sobrino Isidoro, y hasta los mecánicos se sorprendieron cuando lo agarré sin ninguna precaución.
Hasta su nombre científico está contaminado por las supersticiones. Caprimulgus significa “chupacabras”, pues según un mito europeo, le chupan la leche a las cabras en la noche, secándoles las ubres y dejándolas ciegas. Esta creencia se debe a que durante el día se esconden entre las hojas secas, y los pastores las ven volar entre las cabras. Tiene varios parientes en nuestro país: el Querebebé (Chordeiles gundlachii), el Pitanguá (Caprimulgus ekmani) y el Torico (Siphonorhis brewsteri), estos dos últimos endémicos de nuestra isla.

Fuente: http://www.accionverde.com/?p=20684
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