10/26/2013
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Los científicos de la Estación Experimental de Zonas Áridas (EEZA-CSIC) junto al Centro de Ecología Terrestre (NIOO) de los Países Bajos han publicado una investigación (aquí) que se refiere a los pedidos de auxilio de los árboles ante los ataques de una plaga tan común, las orugas.

Los árboles emiten a la atmósfera unos compuestos volátiles que señalan a los pájaros, depredadores de las orugas, que hay alimentos y así se libran de éstas.

“Los investigadores señalan que las aves que gustan de alimentarse con esta clase de insectos de mariposa se sienten atraídos por los “gases” que los árboles liberan”, según señala un miembro del equipo de investigación, Luisa Amo.

El S.O.S químico.-

Realizaron diversos experimentos con los pájaros llamados “carboneros”, cuyo nombre científico es Parus major. Permitieron que las mismas eligieran un árbol no infestado por las orugas y otro con ellas. Además, durante todas las pruebas quitaron las trazas de químicos de los insectos para determinar que las señales químicas provenían de los árboles y no por los gusanos.

La investigadora L. Amo, indicó que “Los resultados demuestran que las pájaros carboneros son capaces de elegir entre un árbol que emite señales de presencia de gusanos de otro no atacado por plagas. Inclusive, las aves se sintieron atraídas después de retirarse las orugas, señalando que los árboles seguían emitiendo señales químicas de auxilio”, resaltó.

La naturaleza es sabia, no hay dudas. Este mecanismo es un ejemplo de cómo se establece un vínculo “simbiótico” entre ambas partes. Una asociación para beneficio mutuo. Las plantas se libran de los insectos que las atacan y las aves encuentran alimento, muchos y en un solo lugar.



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