9/20/2013
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Un estudio relaciona el vertiginoso ascenso de la negociación de alta frecuencia (high-frequency trading o HFT), donde las decisiones de compraventa de acciones las realizan algoritmos matemáticos, con la volatilidad de los mercados. Estas máquinas realizan sus operaciones en milisegundos, escapando a la supervisión en tiempo real de cualquier humano, por muy rápido que sea. Cuando, tras un sólo segundo, reacciona, puede que ya sea demasiado tarde.

Las HFT apenas tiene 15 años. La Securities and Exchange Commission de Estados Unidos (SEC) no autorizó las operaciones electrónicas hasta 1998. Entonces estos programas tardaban unos segundos en realizar una operación bursátil de forma autónoma. Siguen sus propias reglas (no siempre redactadas por humanos) para decidir qué comprar y cuándo vender. Desde entonces, la imagen del avezado jugador de bolsa es una mera ilusión.

Las operaciones en milisegundos, incluso menos. La compañía británica Fixnetix, por ejemplo, presentó en 2011 el microchip iX-eCute, capaz de realizar una completa en 740 nanosegundos (la milmillonésima parte). En los últimos años se ha desatado una verdadera carrera de armamentos tecnológicos entre las compañías financieras para que sus sistemas sean más rápidos que los de la competencia. Así, en unos meses debe entrar en servicio el primer cable submarino que une Londres y Nueva York desplegado en la última década. Operado por Hibernia Networks, un consorcio de empresas de HFT lo financia con 250 millones de dólares con la promesa de que ganarán apenas 5 milisegundos en sus comunicaciones, toda una eternidad para una buena operación.

“Nadie lo sabe con exactitud, pero en Estados Unidos se estima que las HFT ya suponen el 75% de las operaciones y creciendo. Mientras, en Europa su porcentaje es menor pero recuperan terreno, puede que estén entre el 25 y el 50%”, dice Neil Johnson, profesor de física de la Universidad de Miami y experto en sistemas complejos. Johnson y otros investigadores de estas negociaciones bursátiles casi a la velocidad de la luz han estudiado una de sus consecuencias que, por su fugacidad, a veces escapan a los analistas. Son los llamados eventos extremos ultrarrápidos.

Si la cotización de un valor baja (o sube) hasta 10 veces antes de repuntar (o caer) y el cambio en el precio es superior a un porcentaje determinado y todo ello en fracciones de segundo estamos ante uno de estos eventos extremos ultrarrápidos (EEU). Tal como publican en Nature Scientific Reports, encontraron 18.520 picos y crack con una duración inferior a los 1.500 milisegundos en las bolsas estadounidenses desde 2006. Comprobaron también que estos eventos van ganando autonomía respecto de los operadores humanos: cuanto más baja la duración de un EEU por debajo del umbral del tiempo de reacción humana, establecido en un segundo, el número de eventos extremos aumenta muy rápidamente.

Aunque los principales valores fueron entrando en el juego de las HFT de forma paulatina, todos los grandes ya experimentaban eventos extremos ultrarrápidos poco antes del colapso bursátil de 2008 que inició la crisis económica actual. De hecho, los 10 valores con más vaivenes instantáneos durante el periodo estudiado (2006-2011) son los grandes bancos, con Morgan Stanley, Goldman Sachs y Bank of America en los primeros puestos. El 15 de septiembre de 2008, el día de la declaración de bancarrota de Lehman Brothers, concentró el mayor número relativo de EEU.

“Sin duda están relacionados. Pero hay algo intrigante que me convence de que los EEU jugaron un papel en favor de la caída: antes del crack de 2008, comenzamos a ver cómo su frecuencia comenzaba a subir rápidamente en determinados valores y estos valores son todos compañías financieras. Sin embargo, en la prensa económica, el crack en sí fue asociado a la quiebra del sector financiero. Creemos que los EEU eran en realidad fracturas que aparecían en el mercado, en el sector financiero, antes de su ruptura. Como un objeto mecánico se puede fracturar antes de romperse”, explica Johnson.

Y no fue la única vez. El seis de mayo de 2010, el Dow Jones, el índice industrial de la bolsa de Nueva York cayó casi 1.000 puntos, el 9% de su valor, en segundos para recuperarse pocos minutos después. Un informe de la SEC señaló a las HFT como responsables parcialmente de lo que se llamó el Flash Crack. “En efecto, nosotros hemos encontrado una aglomeración de eventos extremos ultrarrápidos en torno al Flash Crack. Aún estamos analizando los datos para ver si podemos determinar la causa, pero hay una clara asociación”, explica el investigador estadounidense.

El problema es que no va a ser fácil demostrar su hipótesis. Tendrían que conseguir acceso a mucha información confidencial para establecer una relación causal entre el juego de los algoritmos y el vértigo bursátil. Algo que no parece probable sin la intervención de las autoridades. Tanto en Estados Unidos como en Europa distintas comisiones están analizando el impacto de las HFT en los mercados de valores. “En mi opinión podría ser peligroso aplicar normas para regular algo cuando no entiendes como funciona y nadie lo entiende, aunque nosotros esperamos haber comenzado a hacerlo”, sostiene Johnson.

El problema es que los humanos están perdiendo el control de sus bolsas de valores, quizá para siempre. “Al final, nada impedirá que los algoritmos escriban sus propios algoritmos. De hecho, la computación genética y los algoritmos genéticos son exactamente eso, donde nuevas generaciones de algoritmos nacen espontáneamente de la fusión y modificación de los existentes sin ningún control humano”, señala Johnson. Es como si los humanos hubieran escrito el código a modo de dioses y las máquinas estén creando su propio ecosistema, un lugar inhóspito para la lentitud de reacción humana.

“Podemos imaginar un escenario donde el mercado financiero se vea inundado de algoritmos, ninguno de ellos escrito ya por humanos pero que, sin embargo, son mutaciones rentables de generaciones anteriores de algoritmos. Sé que puede sonar a ciencia ficción, pero no lo es. De hecho, esto ya podría estar sucediendo en parte”, añade el físico.



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