9/11/2013
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Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla.
Marco Tulio CicerónNicolás Avellaneda (1837-1885) 
Abogado, Periodista y Presidente de la República Argentina


Hoy se cumplan cuarenta años del golpe de Estado que, en 1973, derrocó al gobierno socialista de Salvador Allende y al gobierno de Unidad Popular y dio inicio a una época de osucridad, represión, torturas, desaparecidos y muertes que duró cerca de algo más de 16 años. Augusto Pinochet encabezó dicha acción y asumió el poder tras la muerte del presidente electo Salvador Allende en el Palacio de la Moneda.

El golpe fue planeado por la Armada de Chile, una de las instituciones que conforman las Fuerzas Armadas de Chile, con el auxilio y apoyo de los Estados Unidos.
"Prefiero dejar de lado declaraciones lamentables que ensalzan la figura de un frío dictador, las palabras que tratan de deslindar responsabilidades como si se hubiera nacido recién para esta campaña presidencial, o el recuerdo de quienes defendieron a viva voz las armas como proyecto político. Prefiero quedarme con las señales responsables de quienes entienden que sencillamente no hay sustento para el odio o la violencia.
Falta demasiada verdad, falta demasiada humildad, demasiada responsabilidad individual e institucional para dar por cerrado este capítulo doloroso de nuestra historia republicana.

Militares chilenos vigilando prisioneros en el Estadio Nacional.
El Congreso Nacional, el Poder Judicial, las instituciones armadas, los partidos políticos, la prensa, los poderes fácticos nacionales e internacionales le deben una gran explicación a Chile por dejar que se desperdiciara nuestra historia republicana", escribió el presidente del Senado chileno, Jorge Pizarro Soto para El Mercurio blogs, el pasado viernes 6 de septiembre.

El mismo continúa diciendo, "Sin importar cuáles sean las razones esgrimidas por uno y otro sector, lo que sí necesitamos como país es un Acuerdo por un Nunca Más, donde quede claro y asumido por el Estado y por todos los actores políticos y sociales que con la Democracia no se juega, no se la pone en riesgo, no se la deja morir. Nada justifica la interrupción de la institucionalidad, el Estado de Derecho y el respeto a las garantías básicas de las personas. Ese debería ser nuestro gran aprendizaje tras 4 décadas de desencuentros".

Allende en el Palacio de La Moneda antes de ser bombardeado
Sudamérica en general debe aprender de las experiencias vividas durante años de dominio del terror, de regímenes totalitarios que ejercían la violencia contra cualquier asomo de disidencia. Donde sus actos estaban protegidos por la fuerza de las armas, y sus palabras la única lectura permitida a sus ciudadanos.

Cuarenta años después del golpe de Estado que en 1973 derrocó al gobierno socialista de Salvador Allende y dio inicio a un gobierno militar de casi dos décadas, Chile vive estos días bajo una cierta incertidumbre en relación al futuro.

Los síntomas están a la vista. No hay certeza de los caminos tomados, la sociedad en general convive con un alto desapego frente a las instituciones, y la clase política está desacreditada después de 20 años de administración abusiva del modelo neoliberal.

Sin embargo el diario chileno Pulso, publica respecto a estos últimos 40 años, "En las últimas cuatro décadas Chile creció mucho más que en las ocho primeras del siglo XX, cuando el país logró multiplicar en torno a 2,5 veces su PIB per cápita. En los 40 años que le siguieron, el mismo indicador se multiplicó por 3. Una trayectoria marcada por reformas, aciertos y fracasos".


Pero ese crecimiento no ha llegado, al igual que en otros países de altas tasas de crecimiento, a la población, lo que está implicando en un aumento de la desigualdad económica.
Incluso pueblos pequeños como Tocopilla, en el norte, o Aysén, en el sur, recuerdan la historia de Fuenteovejuna y se han levantado en demanda de un Estado responsable donde los beneficios del crecimiento económico lleguen a todos los rincones del país.

Las protestas estudiantiles echaron por tierra la supremacía del consenso, afirman analistas chilenos.
Tras la revuelta del año 2011, cuando decenas de miles de estudiantes se volcaron a las calles exigiendo el fin al lucro en la educación, el consenso que había regido a Chile desde el retorno a la democracia en 1990, y que la clase política usó como excusa y escudo para justificar muchas de sus decisiones, perdió su supremacía. Ya nadie parece dispuesto a bajar sus demandas por salvarlo.

Si a nivel regional Chile destacaba como un modelo a seguir en cuanto a estabilidad política, empuje económico, disciplina fiscal, ampliación de oportunidades y crecimiento de las clases medias, hoy esa imagen ha desnudado sus límites, contradicciones y supuestos de sustentabilidad.

La dictadura dejó secuelas importantes en la sociedad chilena que, aún a día de hoy, vive una cierta bipolarización entre los nostálgicos del pasado y los que desean una ruptura total mismo, y la purificación de responsabilidades de unos años que dejaron, según cifras oficiales dadas a conocer por Amnistía Internacional, "el número de personas asesinadas o desaparecidas en Chile durante los trece años de dictadura del general Augusto Pinochet ascendió a unas 3.000, mientras que unas 40.000 sobrevivieron al encarcelamiento o a los procesos de tortura llevados a cabo por las fuerzas policiales y estatales".

Aquel 11 de septiembre de 1973, tres años y siete días después del triunfo electoral de la Unidad Popular, un hombre decente, y una democracia revolucionaria saltaron por los aires. Junto al disparo que acabó con la vida de Salvador Allande, en un Palacio de la Moneda bajo fuego enemigo, de la aviación y los carros de combate, rodeado por hombres que olían a traición, y el auspacio de un gigante que por cuarta vez actuaba contra gobiernos sudamericanos (tres rebeliones militares alentadas por la CIA habían derribado con anterioridad a Jacobo Arbenz, en Guatemala, 1954; a Juan Bosch, en República Dominicana, en 1963, y un año después al presidente de Brasil, João Goulart),  murieron también los sueños de cambio de millones de chilenos que habían depositado su destino en las manos de un hombre honesto, de un hombre diferente, una persona que quiso construir una sociedad más igualitaria, en un país de grandes desigualdes, que se mantienen hasta hoy.

Aquel  11 de septiembre de 1973, las fuerzas económicas que dominaban en Chile, entre ellas multinacionales estadounidenses decidieron enterrar la llamada "vía chilena al socialismo".
Aquel día ahogaron las voces de un pueblo que cantaba "Te recuerdo Amanda", se iniciaba la destrucción de tres simbolos: La libertad, la lucha democrática, la cultura, junto al asesinato de Victor Jara, la represión y tortura dirigida a decenas de millares de personas, y la quema de los libros de Pablo Neruda, mientras saqueaban su casa tras su muerte el 23 de septiembre de 1973.

Frente a frases, como las que se escucharon aquel 11 de septiembre, "Tenemos que matarlos como ratas, que no quede rastro de ninguno de ellos, de Allende", (Almirante Patricio Carvajal), que muestran la perversidad detrás de las palabras, nos quedan otras que permanecerán en la historia como: "Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos" (Salvador Allende).

Aquel día abrió una brecha en el pueblo chileno por que millares de chilenos vieron a un familiar ser víctima de la masacre del odio, ya sea a través del exilio, la tortura o la muerte.
Hace 40 años, el 11 de septiembre de 1973, un brutal golpe de Estado derrocó a un gobierno democrático y provocó el suicidio del presidente Salvador Allende, poniendo fin a una experiencia de profundos cambios a favor de los más desposeídos, dando inicio a una feroz dictadura que subyugó por largos 17 años al pueblo chileno.

Ultima marcha de la-UP 4 sept 1973
Aquel día los Estados Unidos impideron que una experiencia elegida en las urnas les cambiara su esquema económico, pudiese interferir en el libre mercado.
Aquel día la dignidad humana fue rota, y se violaron los derechos humanos de millones de personas al privarles de su voz, con la colaboración de medios de comunicación como el periódico Mercurio.
Por si fuera poco, las próximas elecciones presidenciales enfrentarán a Michelle Bachelet y Evelyn Matthei, quienes cargan con las huellas de este pasado.

Bachelet fue detenida y enviada al exilio por la dictadura, además de ser hija del general Alberto Bachelet, quien murió el 12 de marzo de 1974, tras un infarto de miocardio, en la Cárcel Pública de Santiago, tras ser detenido varias veces y torturado, tras su segunda detención el 14 de septiembre, en la Academia de Guerra Aérea, siendo director de la misma el entonces coronel Fernando Matthei, padre de la candidata de la centroderecha.

"Me quebraron por dentro, en un momento, me anduvieron reventando moralmente, nunca supe odiar a nadie, siempre he pensado que el ser humano es lo más maravilloso de esta creación y debe ser respetado como tal, pero me encontré con camaradas de la FACH a los que he conocido por 20 años, alumnos míos, que me trataron como un delincuente o como a un perro", le escribió a su hijo el general Bachelet, el día 16 de octubre de 1973, tras su paso por la Academia de Guerra Aérea.

 



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