4/20/2013
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Un estudio sobre la red social muestra que los activistas contrarios a las vacunas tienen más éxito a la hora de difundir sus ideas que los provacunación

“Las vacunas son el mayor logro de la historia en salud pública”, dice Marcel Salathé, investigador de la Universidad Estatal de Pensilvania. “Sin embargo, mantener elevados los niveles de vacunación requiere una lucha continua“, añade. En opinión del investigador, esto se puede deber, entre otros motivos, a que mucha gente no percibe que las enfermedades sean un gran problema, probablemente porque, gracias a las vacunas, sus efectos y el sufrimiento que provocan ya no se ve a diario. “La vacunación es un ejemplo clásico de algo que crees que no necesitas cuando funciona, una víctima de su propio éxito”, explica Salathé.

Para tratar de entender mejor cómo funcionan los mecanismos de contagio social que puede difundir el sentimiento antivacunación (como el que puede despertar la monja Teresa Forcades), él y su compañero Shashank Khandelwal realizaron un estudio analizando la expansión de distintas posturas frente a la vacunación en la red social Twitter durante la pandemia de la gripe A en 2009. Después de tomar medio millón de mensajes y evaluarlos como positivos, neutrales o negativos hacia la vacuna, intentaron mostrar cómo se expandían los sentimientos en este ámbito. Entre otras cosas, tuvieron que distinguir el contagio de una opinión de la presencia de personas que ya pensaban lo mismo antes de conocer el parecer del otro. Si dos amigos tienen la misma opinión, ¿es porque uno de los dos influyó en el segundo o se hicieron amigos porque pensaban igual?, se preguntaban los investigadores.

Los autores del estudio, que se ha publicado en PLOS Computational Biology, descubrieron que los sentimientos negativos frente a las vacunas eran muy contagiosos, algo que no sucedía con los positivos. Además, con frecuencia, las personas que recibían un mensaje positivo de la vacunación reaccionaban de manera negativa, quizá, según los responsables del artículo, por sentirse presionados por las autoridades. Este resultado se explica en parte porque las personas contrarias a las vacunas mostraron un intenso activismo. Una sola de ellas podría enviar cientos de mensajes negativos con un entusiasmo que los autores no encontraron en el lado de quienes tenían opiniones provacunación.

Aunque Salathé reconoce que aún harán falta más estudios similares para sacar conclusiones de mayor alcance, cree que este tipo de análisis pueden ser útiles para diseñar las campañas de comunicación de salud pública en ámbitos tan relevantes como el de las vacunas. Porque según otra de las conclusiones alcanzadas por los investigadores de Pensilvania, los sentimientos respecto a las vacunas detectados en Twitter para una zona determinada, estaban relacionados con la cobertura de la vacunación en esa zona.


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