4/05/2013
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La agencia DARPA espera lanzar la misión Phoenix (descrita en la segunda parte) en 2015, y dice que compartirá las lecciones tecnológicas aprendidas para ayudar a desarrollar una industria comercial de mantención de naves. “Podría, potencialmente, cambiar la forma en que hacemos negocios en el espacio”, dice Hoffman.

Más allá de esto, sin embargo, una industria de mantenimiento espacial robusta tendría consecuencias más amplias para la ciencia espacial y el vuelo espacial tripulado, preparando el camino para la construcción orbital de estructuras que son demasiado grandes para caber dentro de un cohete.

“La reparación y el ensamblaje no son tan diferentes”, dice Albu-Schäffer. Los robots podrían ensamblar telescopios una docena o más veces tan grandes como cualquier observatorio basado en Tierra. Con una gran cámara de luz, los astrónomos podrían captar fotones de los objetos más lejanos –y por lo tanto más antiguos- del Universo, y buscar signos de vida en planetas similares a la Tierra. “Básicamente, queremos construir telescopios cada vez más grandes”, dice Hoffman.

Por no mencionar naves espaciales más grandes. En 1948, casi una década antes que el primer satélite fuera lanzado a la órbita, el pionero aeroespacial Wernher von Braun escribió una novela de ciencia ficción sobre una misión tripulada a Marte y, al ser un científico especializado en cohetes, ideó cómo hacer que ocurriera. Su plan requería 10 naves espaciales con Marte como destino, cada una con un peso de casi 4.000 toneladas, que fueran ensambladas en órbita terrestre a partir de piezas transportadas hasta allí por 46 transbordadores espaciales.

Hoy en día, las misiones propuestas a Marte son mucho más modestas, pero un cohete capaz de cargar personas probablemente pese al menos 150 toneladas, dice Grant Bonin del Laboratorio de Vuelos Espaciales de la Universidad de Toronto en Canadá. Esto es 20 toneladas más que el cohete más grande en proyecto, el SLS (Space Launch System) de la NASA, y casi siete veces lo que el transbordador espacial estadounidense habría sido capaz de cargar. “Mucha gente ve como inevitable que en algún punto tengamos que aceptar el ensamblaje en órbita”, dice.

Los primeros trabajos de los robots de reparación espacial probablemente serán más bien habituales –actuando como grúas, gasolineras o mecánicos-, pero en última instancia su misión puede ser mucho más importante de lo que los fabricantes de hoy imaginan.

Minas de oro

¿Puede el mantenimiento de satélites volverse un beneficio? La reparación de satélites en el espacio es un proceso muy costoso y complejo, que es la razón de que no se haya puesto en marcha todavía, dice Scott Pace, director del Instituto de Política Espacial en la Universidad George Washington en Washington DC.

Los operadores de satélites comerciales son reacios a los riesgos, prefiriendo lanzar otro en lugar de intentar repararlos. Pero la tendencia parece estar cambiando, gracias al crecimiento de las capacidades robóticas y el aumento de los ingresos: en 2011 el valor de la industria satelital fue de más de 170.000 millones de dólares. Una gran compañía aeroespacial puede operar docenas de satélites de comunicaciones en órbita geosíncrona sobre el Ecuador, y dado que una caída de servicio significa grandes pérdidas, una reparación inmediata podría ser preferible a esperar que un satélite de reemplazo sea lanzado. Un robot de servicio podría durar potencialmente hasta 15 años, moviéndose de un satélite al siguiente para llevar a cabo proyectos de mantención sin usar demasiado combustible.

Unas pocas compañías se han lanzado a hacer exactamente eso. Por ejemplo MDA Corporation de Canadá, que construye los brazos robóticos usados en los retirados transbordadores espaciales y la Estación Espacial Internacional, espera tener una misión de reabastecimiento de combustible lista para volar en tres o cuatro años.

Es una historia diferente en la órbita terrestre baja, no obstante, donde los satélites orbitan en muchos planos diferentes. Aquí se necesitaría demasiado combustible costoso para que un robot mecánico saltara de un satélite a otro.

Sin embargo, el costo no es el único obstáculo. Los contratos de seguros deberían ser precisados; ¿quién sería responsable por los daños a naves cercanas si un robot de servicio terminara estrellándose con su cliente, generando rocíos de escombros?

Cualquier país que quisiera hacer mantención a un satélite perteneciente a otro país debería tener un permiso expreso para hacerlo, según los tratados de la ONU. Sin embargo, con este permiso, “Podría plantear un futuro en que en 50 años a partir de ahora, haya ‘basureros’ en el espacio que rescaten estas cosas y hagan dinero”, dice Roger Launius, historiador espacial del Instituto Smithsonian en Washington DC.


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