4/22/2013
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Un reciente estudio presentado por el Departamento de Astronomía de la Universidad de Washington a principios de abril de 2013, ( Unidentified Moving Objects in Next Generation Time Domain Surveys) establece las bases para la metodología científica en la detección de Objetos Volantes no Identificados.  La iniciativa se enmarca en las nuevas técnicas de búsqueda de Inteligencia Extraterrestre, cuestión crucial en la exociencia, tras la detección de potenciales planetas habitables en el marco de la misión Kepler.

Hasta ahora, la búsqueda de inteligencia extraterrestre era una cuestión residual del conocimiento científico, e incluso censurada en la literatura científica, debido a la falta de instrumental adecuado para el discernimiento y análisis de los eventos, y la dificultad de su  diferenciación empírica de otros fenómenos asociados a la actividad meteorológica, climática, etc…

Todo ello motivaba el desprestigio de los investigadores que trataran de afrontar el reto de la demostración empírica de la existencia de artefactos de procedencia extraterrestre. Pese a todo ello, la cuestión se unifica con los medios disponibles actualmente en la observación de satélites y tecnologías LSST ( Large Synoptic Survey Telescope). Estas tecnologías permiten disparos ópticos sincronizados cada 15 segundos, lo que posibilita la observación de anomalías dentro y fuera de la atmósfera terrestre.

Tal y como presenta el estudio que acaba de presentar James R.A Davenport, la metodología LSST, servirá para examinar la profundidad, movimiento y captación de los objetos de naturaleza aetherofactal y discernirlos de otras anomalías, objetos hechos por el hombre y otro tipo de objetos no identificados de naturaleza meteorológica o climática diversa.

La tecnología permite prácticamente hacer secuencias sucesivas de fotogramas del espacio como una película, detectando la profundidad, tamaño, y movimiento de cualesquiera objetos así como su velocidad y trayectoria. Ciertamente es así, lo que una vez más nos permite focalizar en los denominados aetherofactos o esferas Dyson, como se conocen en la literatura científica.

En concreto, destaca que los avances en esta técnica se han producido desde el año 2008, tal y como ya expuso Ivezic y su Team en 2008: Ivezic, Z., et al. 2008, ArXiv e-prints, 0805.2366.

El documento es crucial en el estudio de la exociencia, ya que pone las bases de una metodología avalada por la Universidad de Washington, para la detección de estos objetos y supone un precedente importante en la unificación metodológica de las evidencias empíricas, así como pone las bases para un mayor nivel de rigor en la investigación, que no se limite a la negación sistemática de las posibles evidencias empíricas.


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