4/21/2013
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Un equipo internacional, liderado desde el Centro de Investigación Ames de la NASA, ha descubierto cinco planetas orbitando la estrella Kepler-62. Los dos más exteriores son un poco más grandes que la Tierra y están en la zona habitable, por lo que podrían albergar agua líquida.

Podrían contener agua líquida

"Un sistema de cinco planetas, de los cuales dos tienen un radio 1,41 y 1,61 veces superior al de la Tierra y están en la zona habitable”. Este es el título de un estudio que investigadores internacionales publican esta semana en Science.

En nuestro sistema planetario, solo un planeta posee océanos de agua: la Tierra. Nuestro mundo es una rara joya azul comparada con los desiertos de Mercurio, Venus y Marte. Pero, ¿y si el Sol no tuviese uno, sino dos mundos habitables con océanos?

Los astrónomos han descubierto un sistema planetario de ese tipo orbitando la estrella Kepler-62. Este sistema de cinco planetas tiene dos mundos en la zona habitable (la distancia a una estrella en que los planetas reciben suficiente luz y calor para que pueda existir agua líquida en sus superficies). Los modelos de los investigadores del Centro Harvard-Smithsonian de Astrofísica (CfA) sugieren que ambos planetas son “mundos acuáticos”; es decir, sus superficies están cubiertas completamente por un océano, sin tierra la vista.

“Estos planetas no se parecen a ninguno en nuestro sistema solar. Tienen océanos sin límite”, dijo la autora principal del estudio Lisa Kaltenegger del Instituto Max Planck de Astronomía y del CfA. “Puede haber vida allí, pero ¿podría tener una base tecnológica como nosotros? La vida en estos mundos estaría bajo el agua, sin acceso fácil a metales, electricidad, o fuego para la metalurgia. No obstante, estos mundos seguirían siendo bellos planetas azules que orbitan una estrella naranja; y quizá la creatividad de la vida para alcanzar una etapa tecnológica nos sorprenderá”.

Kepler-62 es una estrella tipo K ligeramente más pequeña y fría que el Sol. Los dos mundos acuáticos, designados Kepler-62e y -62f, orbitan la estrella cada 122 y 267 días, respectivamente.

Estos planetas fueron descubiertos por la nave Kepler de la NASA, que detecta planetas que transitan o cruzan por el frente de su estrella madre (desde nuestra perspectiva). La medición de un tránsito permite a los astrónomos conocer el tamaño del planeta en relación a su estrella.

Kepler-62e es un 60% más grande que la Tierra, mientras que Kepler-62f es aproximadamente un 40% más grande, por lo que ambos son “súper-Tierras”. Son demasiados pequeños para que sus masas sean medidas, pero los astrónomos esperan que estén compuestos por roca y agua, sin una envoltura gaseosa importante.

Como el más cálido de los dos mundos, Kepler-62e tendría un poco más de nubes que la Tierra según modelos de computador. El más lejano, Kepler-62f, necesitaría del efecto invernadero producido por grandes cantidades de dióxido de carbono para calentarse lo suficiente para albergar un océano. De lo contrario, podría convertirse en una bola de nieve cubierta de hielo.


“Probablemente Kepler-62e tiene un cielo muy nuboso y es cálido y húmedo hasta las regiones polares. Kepler-62f sería más frío, pero aún potencialmente amigable para la vida”, dijo Dimitar Sasselov, astrónomo de Harvard y coautor del estudio.

“La buena noticia es que los dos mundos se presentan claramente en diferentes colores y hacen nuestra búsqueda de huellas de vida más fácil en dichos planetas en el futuro cercano”, dijo.

El descubrimiento plantea la intrigante posibilidad de que algunas estrellas de nuestra galaxia puedan ser orbitadas por dos mundos similares a la Tierra; planetas con océanos y continentes, donde podría desarrollarse vida tecnológicamente avanzada.

“Imagina observar a través de un telescopio para ver otro mundo con vida a unos pocos millones de kilómetros del nuestro. O, tener la capacidad de viajar entre ellos con regularidad. No puedo pensar en una motivación más poderosa para volvernos una ‘sociedad espacial’”, dijo Sasselov.

La investigación de Kaltenegger y Sasselov ha sido aceptada para ser publicada en The Astrophysical Journal.


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