4/25/2013
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José Manuel Barroso no confía más en las medidas de austeridad económica. El jefe de la Comisión Europea declaró que la política de recortes del gasto público que se ha ido aplicando en los países del euro en los últimos años ha dejado de ser eficaz agotando la confianza de la sociedad.

Cabe recordar que hace apenas un mes el mismo Barroso recomendaba al Consejo Europeo continuar la consolidación financiera en los países con alto nivel de deuda pública, a pesar de una considerable reducción del PIB. Expertos atribuyen este cambio de actitud a circunstancias de fuerza mayor. La actual estrategia económica puede sumir a Europa en una vorágine de transformaciones políticas.

Tuvieron que pasar varios años y celebrarse una veintena de cumbres, para que las autoridades europeas reconocieran lo obvio: los recortes de presupuestos públicos no son una medida suficiente para recuperar el crecimiento de la economía europea. José Manuel Barroso, constató que esa política encuentra cada vez menos apoyo en la sociedad. Sin embargo, después de la rimbombante frase de que “esa política alcanzó su límite”, vino la salvedad de que, en términos generales, la reducción de gastos públicos es una práctica adecuada. Lo único que recomienda el jefe de la Eurocomisión es aplicarla con más delicadeza. Estas declaraciones de un eurofuncionario de tan alto rango solo demuestran que incluso en los momentos más duros de la crisis las razones políticas prevalecen sobre las económicas en el Viejo Continente, acota la economista Daria Zhelánova:

—Esta decisión tiene que ver con la dominación alemana en la eurozona. Es Alemania la que lleva la batuta. La prescripción de endurecer la disciplina presupuestaria no fue una decisión racional, sino voluntad de los políticos encargados en ese entonces de tomar las decisiones. Desde el principio se optó por un camino equivocado. Lo primero que debe hacerse para dar solución a una crisis es estimular la producción y la demanda interna. Y lo que se hace ahora es impedir la más mínima posibilidad de salida. Ya podemos apreciar las consecuencias: una notable reducción de la tasa de crecimiento del PIB y, en algunos países, incluso su decrecimiento, y una escalada de tensiones sociales debidos a un vertiginoso aumento del paro.
Los recortes del gasto público, que se han ido presentando consecuentemente como una panacea para salir de la crisis, debían estabilizar la situación en la economía europea, común pero no homogénea, como la práctica lo ha revelado. Muchos economistas estiman que la decisión fue correcta en cierta etapa como medida provisional. Pero no debemos confundir lo táctico con lo estratégico, afirma el financista Román Andreev:

—Al imponer la política de recortes presupuestarios, Bruselas anduvo buscando una cabeza de turco, algún país del sur de Europa, para mostrar con su ejemplo las graves consecuencias que puede tener la falta de control de los gastos públicos. Pero no hizo más que agravar el problema provocando desequilibrios políticos y económicos. Seguramente, había que castigar a algunos países donde la pensión alcanzaba el 100 % del sueldo, pero también era necesario equilibrar la política económica de la zona euro, y en este sentido no se ha hecho absolutamente nada. Solo se recurrió a las exigencias de gastar menos. Desde el punto de vista económico, esto es absurdo.

 Expertos señalan que hace apenas un mes el jefe de la Eurocomisión insistía en mantener la política de “apretar las tuercas”. En su carta del 11 de marzo al Consejo Europeo, Barroso recalcó la necesidad de que los países con un alto nivel de la deuda púbica continúen su consolidación financiera, a pesar de las previsiones de caída del PIB, e incluso se aprieten más los cinturones. En la misma ocasión, el Nobel de Economía, Paul Krugman, volvió a criticar contundentemente a Bruselas diciendo que Europa había olvidado el término “crecimiento”. Al reunirse a principios de abril con el Secretario del Tesoro de EEUU, Jack Lew, Barroso reiteró que el rumbo no va a cambiar porque es correcto. Lo apoyó el titular del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, al señalar que la estrategia seguirá igual a pesar de la creciente tasa de desempleo.

Ahora, el jefe de la Comisión Europea se permite criticar esta estrategia, haciéndolo, por cierto, de manera bastante cautelosa. Todavía es prematuro decir si se trata de una nueva artimaña política por parte de Bruselas para mitigar el descontento social o realmente se ha dado cuenta de la necesidad de cambios. Los más recientes datos estadísticos demuestran que en muchos países los problemas no disminuyen a pesar de los más drásticos recortes presupuestarios. En 2012, la deuda púbica colectiva de los dieciséis países del euro superó el 90 % del PIB. En países como España y Grecia, donde en los últimos dos años se efectuaron importantes recortes de sueldos y pensiones en el sector público y se registraron las acciones de protesta más participativas de Europa, el déficit presupuestario se mantuvo en el nivel anterior del 10. Tan solo Alemania registró un superávit del 0,2 % del PIB.!


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