3/28/2013
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Albert Einstein es recordado por muchas citas, pero quizá la más catastrofista sea aquella en la que decía que la humanidad desaparecería cuatro años después de que las abejas murieran. Y no por falta de miel para endulzar el café.

Más del 70 por ciento de los cultivos dependen de las abejas y otros insectos polinizadores. Así que sin su ayuda, encima estaríamos esos cuatro años comiendo papas, arroz y grano hasta la llegada de nuestra descomposición intestinal como raza.

Ahora un desconocido biólogo escocés llamado Alan Bowman ha sido aclamado como un salvador del mundo gracias a su trabajo para detener la desaparición de las abejas.

El biólogo ha desarrollado una solución que mata los ácaros Varroa desde su más profundo ser, los insectos que infectan con un virus mortífero a las abejas. Esta enfermedad es algo así como la gripe, y unas cepas son más peligrosas que otras, por lo que es muy difícil controlarla.

La varroasis es la principal causa de muerte de las abejas en todo el mundo, después de haber desarrollado resistencia a los medicamentos aplicados por los apicultores en la última década. En particular, se desarrolla en los fríos inviernos (como la gripe), cuando las colonias son más vulnerables al estar todas juntas para mantener el calor.

El Dr. Bowman y su equipo de la Universidad de Aberdeen han descubierto la manera de obligar a los ácaros “a autodestruirse” antes de que contagien a las abejas, interviniendo en su sistema inmunológico modificando su estructura genética.

La importancia de este enfoque es que resulta específico al objetivo a eliminar, los ácaros, sin dañar a las abejas o a ningún otro animal o especie. Se espera que el avance detenga la disminución drástica de la población de abejas de miel en cuatro años, justamente el plazo que ellas nos dan antes de que todo se vaya al infierno.

Ahora el Doctor Bowman ha sido nombrado como una de las 20 personas “que darán forma a los próximos 20 años” por la revista Esquire. Esperen un segundo…¿dije “Esquire”, la revista masculina de la Hearst Corporation? Así es.

También el doctor Bowman se extrañaba de la fuente del reconocimiento. Incluso admitió que cuando fue contactado por primera vez por Esquire pensó que era una estafa o una chufla. “Esta es la primera vez que una parte de mi trabajo ha sido recogido por la comunidad no científica, de lo cual por supuesto, me alegro muchísimo”.

Y un servidor, sin duda. Quizá si el mainstream se fijara más en el trabajo abnegado de los científicos y los problemas que realmente nos acucian, los tops de las personalidades del año estarían encabezados por individuos que realmente dejan poso en la sociedad humana, y no por ladys cantarinas con vestidos de babilla de vaca o amantes del café en cápsula que lo único que hacen es poner cara divina.

Lástima que los redactores de Esquire se hayan hecho la picha un lío con la lista final y hayan decidido que el biólogo debía ser acompañado de otros personajes que también quieren salvar a la humanidad, pero a base de disminuir el número de personas que la componen: son Kim Jong-un, el natural heredero del líder norcoreano Kim Jong-il, el señor mexicano de la droga “El Chapo” Guzmán o uno de los líderes de Al Qaeda, el clérigo yemení-estadounidense Anwar al Awlaki.


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