3/04/2013
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La medicina ha agotado casi toda la capacidad curativa de los antibióticos.
Los microorganismos son más resistentes y los métodos habituales de tratamiento resultan poco eficaces. Los científicos declaran: si no se encuentran nuevos medicamentos, puede sobrevenir una catástrofe global.
Tras el invento de los antibióticos la esperanza media de vida del hombre aumentó en varias veces. Las personas dejaron de parecer en masa a causa de la tuberculosis o la gripe. Correspondientemente, aumentó el número de habitantes en el planeta. Actualmente los científicos del mundo entero diseñan nuevos formas de antibióticos y tratan de potenciar sus efectos. Pero por el momento, los resultados son muy escasos. Los microorganismos han aprendido a adaptarse a todo, dice Nikolái Bespálov, director del departamento de investigaciones y consultoría de la compañía  Farmexpert:
—Cualquier microorganismo con el tiempo adquiere cierta resistencia  a los antibióticos y a otras sustancias que influyen en su actividad vital. Por eso algunos microorganismos en el proceso de adaptación producen sustancias que inactivan los antibióticos. En su tiempo la penicilina se empleaba ampliamente y salvó muchísimas vidas, era el antibiótico número uno en el mundo, pero ahora no se usa porque resulta ineficaz contra los microorganismos existentes en la naturaleza.
Sin embargo, a las nuevas condiciones se adaptan no solo los microorganismos. La inmunidad del ser humano también se vuelve con el tiempo más resistente a las infecciones generadas por bacterias y virus. Es una guerra entre el mundo de los seres humanos y el mundo bacteriano que dura ya millones de años. Por el momento el género humano se lleva la palma, pero no se puede descartar que algún día las enfermedades hace tiempo olvidadas resurjan en una forma nueva, señala Nikolái Bespálov.
—La probabilidad de que estas enfermedades vuelvan persiste, ya que a los enfermos muertos, digamos de peste, se los sepultaban en lugares especiales. En Rusia y en otros países, después de los años 90 del siglo pasado, se dejó de observar estos lugares. Estos terrenos se roturaban, se inundaban, se mezclaban. Existe la probabilidad de que  dichos microbios vayan a parar a la superficie y se propaguen. En cualquier caso, todas estas cepas se guardan en los laboratorios. Y no se puede excluir que por equivocación o como resultado de un atentado terrorista o por otra causa pueden resultar fuera de algún laboratorio. Pero afortunadamente hay vacunas y fármacos antibacterianos. No hay motivos para suponer que sea un problema global, como ocurría en la Edad Media.
 No obstante, no vale la pena olvidar que las personas aprendieron a curar la mayoría de las enfermedades temibles. Por ejemplo, para defenderse de la peste y la viruela, cuya reaparición predicen algunos científicos, se debe volver a practicar la inmunización obligatoria.
Sin embargo, las vacunas pueden proteger tan solo contra las enfermedades conocidas. Para preparar operativamente una vacuna contra un nuevo virus, por ejemplo, contra el virus de la gripe aviar o la porcina se necesitan cuantiosos medios y años de investigaciones clínicas. Los expertos de nuestra radio puntualizan que muchas cosas dependen de la propia persona. Ellos recomiendan fortalecer su propia inmunidad. Un organismo sano es más resistente a los virus.


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