3/11/2013
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Muchos ciudadanos están hartos. Pero ese hartazgo cobra varias formas. En España tuvimos, y tendremos, como epifenómeno los indignados. En Italia, Beppe Grillo. Y los pacíficos suizos tienen otra manera de protestar: más de dos terceras partes (68%) de los que acudieron a las urnas votaron, en el país del secreto bancario, a favor de limitar los salarios y los bonuses de los directivos de las empresas cotizadas, sometiendo la decisión a los accionistas y constitucionalizando la medida. La UE se ha quedado algo más corta al respecto, aunque también avanza por esta vía, aunque está por ver si la City de Londres pasará por el aro. En todo caso, finalmente, cuatro años largos después de la caída de Lehman Brothers que precipitó la crisis, la política está intentando embridar uno de los factores que la originaron.

Claro que la desfinanciación del mundo va por otros derroteros. Según un informe de la consultora McKinsey, la crisis ha provocado una desglobalización financiera, especialmente marcada en Europa. Los flujos interfronterizos de capitales se han colapsado, al pasar de 11,8 billones de dólares en 2007 a 4,6 billones en 2011. De un 70% de esta caída es responsable Europa occidental, donde en este terreno la integración ha ido marcha atrás. Los préstamos y otras transacciones entre bancos en la Eurozona han caído en 3,7 billones desde 2007, y hoy son los bancos centrales los que realizan un 50% de los flujos de capitales en la unión monetaria. Pero no es sólo Europa. Más allá, también el flujo global bancario se está secando, al pasar de 5,6 billones en 2007 a 1,7 billones en 2012.


El informe de McKinsey se pregunta si la globalización financiera está realmente en retirada o si se trata de un reseteo, del que habrá de surgir con más fuerza. Aunque significaría perder algún punto de crecimiento, el que la globalización de las finanzas desandase parte de lo que ha avanzado en las últimas tres décadas podría no ser malo, y reequilibrar este sector para acercarlo más a la llamada economía real. Es decir, restablecer el equilibrio con el comercio internacional. Pero claro este divorcio de una parte del sector financiero con la realidad no cesa. Como recuerda Roberto Savio, dos días después del referéndum suizo, el HSBC, que ha perdido 5,6% en 2012, decretaba un bonus de más de un millón de euros a sus 200 ejecutivos estrella, y casi 10 veces más a su CEO.

Y, efectivamente, el mundo financiero puede estar reculando ante los nuevos controles impuestos a escala nacional, regional e internacional, para saltar con nuevas fuerzas. El Financial Times llevaba recientemente un gran análisis sobre la “transformación de colateral”, diseño de nuevos productos para volver a reempaquetar derivados arriesgados –las “armas financieras de destrucción masiva” que estuvieron el corazón de la crisis- de forma supuestamente más segura.

El mismo diario informaba también de cómo nada menos que el FIB está colaborando con la SEC de EE UU (equivalente nuestra Comisión Nacional del Mercado de Valores) para luchar contra algunas trampas derivadas de la compra-venta o negociación de títulos y otros valores electrónica, por medio de algoritmos y potentes ordenadores,  a gran velocidad (High Frequency Trading, HFT), que ya ha causado graves problemas en diversas ocasiones) o el dark pool trading, por la que algunas empresas compran y venden masivamente en cuestión de microsegundos. La preocupación del FBI deriva de que con este sistema algunos especuladores pueden, por ejemplo, ordenar compras masivas de valores en espacios de tiempo sumamente reducidos, manipulando los mercados para luego comprar o vender, con ganancias millonarias, de forma irregular o ilegal. Unas posibilidades que pueden llegar a representar un 50% de lo que se negocia y que  no están abiertas al común de los mortales. Pero claro, hoy en día, es el mundo financiero el que a menudo contrata a los mejores matemáticos e informáticos. Mientras el FBI va a la zaga, y por eso quiere ponerse al día con la Unidad de Análisis Cuantitativos de la SEC.

Y en medio de estas y otras transformaciones, el Gobierno español duda sobre si crear el Sistema de Inteligencia Económica que proponía la primera Estrategia Española de Seguridad (2011), un instrumento cada vez más necesario.


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