2/02/2013
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Por: Vicente Lladró.
La biomasa es la fuente de energía renovable más antigua y a la vez con mayor futuro, porque es la más racional de todas. Consiste simplemente en aprovechar la materia orgánica de árboles y plantas, para quemarla.


Pero si todos vemos como normal que arda la madera en estufas y hogares, como antaño era la manera natural de disponer de fuego para cocinar, ahora se trata sobre todo de efectuar la combustión en modernas centrales térmicas para generar electricidad. Y de esta manera se cierra un ciclo ecológico con verdadero ‘circuito cerrado’.

Los árboles aborben C02 para crecer; la biomasa generada se quema después, y el C02 emitido en esa combustión vuelve a ser absorbido por las hojas de los árboles en crecimiento, generando nueva materia orgánica mediante la fotosíntesis. Y en el entreacto, el calor obtenido sirve para producir vapor de agua que mueve una turbina de generación eléctrica.
Una empresa española, Cotevisa (ubicada en L’Alcudia), especializada en producir plantas de frutales y de otras especies, está ensayando con gran éxito cultivos energéticos como alternativa rentable a la producción agrícola tradicional. La principal especie utilizada es la paulownia, un árbol oriundo de China, con un ritmo de crecimiento muy rápido, ya que desarrolla varios metros por año.
El primer corte comercial puede efectuarse a los cinco años y tiene la particularidad de que, una vez cortado el tronco vuelve a brotar, no es necesario plantar otra vez, y además los nuevos ciclos son de crecimiento más espectacular, porque se aprovecha ya la extensa red radicular.
La paulownia es, encima, hermosa, con hojas muy grandes, del tamaño de dos manos, y cuenta con una segunda utilidad, para producir tablones de madera con destino a la industria de muebles, envases, etc.
Hasta ahora se han extendido cultivos energéticos para producir etanol o biodiesel, al objeto de sustituir en parte o en todo a la gasolina y el gasóleo procedentes del petróleo. Pero en el intento de relevar a los combustibles fósiles se ha propiciado otro problema: un aumento de la competencia con las fuentes de materias primas alimentarias, porque la mayoría de estos cultivos energéticos son cereales, soja, colza, etc., producciones destinadas tradicionalmente a la alimentación de las personas o el ganado.
Sin embargo, con la biomasa no hay competencia con la producción de alimentos. Se cultivan especies no alimentarias y donde no son rentables o viables otras producciones, y se obtiene al finbal electricidad completamente renovable. El sistema es ecológico y sostenible. Por eso, en la reciente reconducción del sistema de subvenciones para los distintos tipos de energías renovables, la biomasa no ha sufrido reducción de las ayudas, como sí se ha impuesto a la energía solar y otras, lo que está favoreciendo que se reorienten muchos proyectos.
Los precios del kilowatio/hora para este tipo de actividad oscilan entre 16 y 19 céntimos y los estudios de rentabilidad señalan unos beneficios netos de unos 3.600 euros anuales por hectárea cultivada de paulownia, lo que, teniendo en cuenta los niveles de otros cultivos supone un buen nivel de viabilidad, incluso para casos de producciones hortofrutícolas.
Pero la paulownia, u otros cultivos de este tipo, no tienen salida si no hay cerca centrales térmicas que demandan materia prima. Por eso es muy importante que se hagan instalaciones de este tipo en ámbitos comarcales, con una potencia de alrededor de 2 Mw, absorbiendo la madera producida en un radio máximo de unos 20-25 kilómetros, para que no se encarezca el transporte. El tipo de centrales de este tipo imperantes hasta ahora requieren una inversión de unos 2,5 millones de euros, pero una empresa de Elche dispone de un nuevo modelo, con un especial sistema de cogeneración que cueesta sólo 1,5 millones de euros y además es capaz de incinerar cualquier tipo de material combustible, por lo que no hay temor de sufrir paradas ocasionales en casos de faltar madera. De hecho ya hay negociaciones de empresas de tratamiento de basuras urbanas para disponer de este tipo de instalaciones donde quemar las fracciones de los residuos que no son reciclables y producir electricidad.
Ahora que crece el abandono de plantaciones de todo tipo de cultivos tradicionales, por falta de rentabilidad, envejecimiento de los agricultores y huida de los jóvenes a otras actividades, la opción de producir biomasa con fines energéticos tiene mucho porvenir. Los gobiernos apuntan en esta dirección, porque al mismo tiempo se mantiene verde el paisaje, se frena la erosión y se crean puestos de trabajo en el medio rural, frenando la despoblación. Estos cultivos exigen poco trabajo y son fáciles de emcanizar, por lo que una misma persona puede llevar sin problema grandes extensiones. Sólo hace faltaacertar con la especie adecuada a cada clima y disponer de agua de riego suficiente y económica.
Así como están fructificando proyectos de aprovechamiento de la biomasa residual de los bosques, para generar electricidad al tiempo que se limpia el monte y se evitan incendios forestales, la biomasa cultivada va a a tener, a buen seguro, igual éxito. Tenemos tecnología, disponemos de tierra apta y agricultores, y las administraciones públicas están por la labor.


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