10/25/2012
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Aún es una tecnología incipiente, la más pequeña de las energías renovables junto a la geotérmica, que se presenta como capaz de fijar población rural en pleno éxodo de la ciudad al campo y cuando la reforma de la Política Agrícola Común amenaza con mermar los fondos destinados a los agricultores. Aunque la crisis y la moratoria a las primas se ha llevado por delante muchas de estas plantas que queman residuos forestales para generar electricidad, las que se mantienen quieren demostrar que esta es una opción económicamente viable y red de nuevas alianzas con el mundo agrícola.

La que Acciona levantó en Sangüesa (Navarra) inyecta electricidad en la red mediante paja húmeda desde el año 2002. La compañía incluyó la biomasa como parte de su apuesta por las renovables en su reconversión de negocio del lejano ladrillo a la energía limpia. Desde esta planta se genera electricidad suficiente para abastecer a unos 60.000 hogares gracias a acuerdos con cerca de 20.000 agricultores de varias zonas que garantizan el suministro de 160.000 toneladas de paja durante todo el año.

Disponer de suficiente suministro para mantener la planta fue la principal inquietud de la compañía, que logró convencer a los agricultores de la zona ofreciéndoles contratos fijos y a largo plazo, sin los cuales los bancos no aceptan financiar proyectos de este tipo. De hecho, la empresa achaca el lento avance de esta tecnología a las dudas que pesan sobre las garantías en el abastecimiento de materia prima limpia y al elevado coste de las infraestructuras. En Sangüesa, el 40% de los gastos de la empresa en esta planta de 25 megavatios de potencia instalada se destina a la compra de paja para la producción de unos 200 gigavatios por hora de electricidad mediante un proceso sencillo y sin impacto ambiental.

La paja llega a la fábrica en pacas. Después, una cinta transportadora la desmenuza y conduce hasta la caldera, donde se quema. Esta combustión calienta el agua que circula por la caldera hasta convertirla en vapor, que a su vez mueve una turbina, la cual, conectada a un generador, produce electricidad. Una vez finalizado el proceso, las cenizas y los elementos que no han sido quemados se filtran hasta expulsar por las chimeneas gas neutro. Los residuos se aprovechan, a su vez, para fabricar nuevos fertilizantes.
La de Sangüesa es una de las cinco plantas de biomasa que Acciona tiene operativas en España junto con las de Cuenca, Cáceres, Burgos y Soria, donde la compañía quema residuos forestales y madereros y cultivos energéticos no destinados a la alimentación.

La esperanza del sector, operado no solo por grandes compañías que pueden aguantar el tajo de la moratoria, es que el Gobierno de Mariano Rajoy cumpla con el mensaje de que abrirá de nuevo el grifo de las primas para seguir en actividad. Las empresas defienden este incipiente sector, aún de pequeñas dimensiones si se compara con la eólica, por su potencial en la creación de hasta 2.000 empleos en las zonas rurales, las más afectadas por la crisis dado el recorte de servicios públicos y las escasas opciones económicas.

Los actores de esta industria argumentan que el aprovechamiento de los residuos forestales es una de las pocas bazas para gestionar bien los bosques y reducir los incendios que arrasan el monte en verano. La reducción drástica de producción eléctrica en las plantas de biomasa habría supuesto un parón general en la gestión de los bosques por el ingente volumen de materia prima procedente de residuos forestales que se necesita para ponerlas en marcha, según las empresas del sector. Estas compañías reclaman un plan contra incendios forestales que contemple la biomasa como parte de la solución.


http://www.cincodias.com/articulo/entorno/generar-electricidad-partir-paja-humeda/20121025cdsent_2/
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