10/09/2012
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Puede que algún día queramos establecer una base en Marte o incluso sólo llevar astronautas hasta allí. Pero estas empresas son difíciles. Llevar sólo un kilogramo de carga a Marte es carísimo, así que abastecer completamente a los astronautas desde la Tierra se antoja imposible. Por eso, desde hace tiempo se piensa en cómo obtener muchos de los recursos allí mismo. Hace tiempo se pensó, por ejemplo, en un reactor nuclear que fabricara combustible para los cohetes de regreso a partir de la atmósfera marciana. Los sistemas se enviarían allí sin tripulación y una vez conseguida su meta se enviarían los astronautas.

Para un largo plazo se necesitaría algo más que combustible para los cohetes de regreso. Por eso se piensa en la utilización de microorganismos, que no necesitarían de grandes infraestructuras para producir distintos tipos de materiales. La Biología sintética vendría en la ayuda de conseguir esta meta. Quizás no tengamos los microbios adecuados, pero si los modificamos puede que sirvan para tareas marcianas. Insertando los oportunos genes podemos adaptar microorganismos ya existentes a las necesidades de una base marciana.

La NASA ya ha empezado a investigar este asunto. Lynn Rothschild es el líder de la Iniciativa de Biología Sintética de la agencia. Uno de los microorganismos que se está estudiando es la cianobacteria Anabaena, que es capaz de vivir en una atmósfera de dióxido de carbono y nitrógeno como la marciana. Esta cianobacteria puede producir azúcares a partir de esos gases y luz solar, aunque necesitaría un poco de calor y protección frente a los rayos ultravioletas. Anabaena consume lo que produce, pues al ser una ser natural no derrocha los recursos, pero se la puede modificar para que excrete parte de su producción al exterior y que esto le sirva a los futuros humanos marcianos para producir plásticos y combustibles. El año pasado un equipo la universidad de Brown consiguió esto mismo insertando un gen de E. Coli en esta cianobacteria.

André Burnier, de la misma universidad, pensó en un sistema microbiano para crear materiales de construcción. La bacteria Sporosarcina pasteurii normalmente rompe la urea para producir amoniaco. Esto permite crear el ambiente alcalino necesario para formar cementos de carbonato cálcico. La orina y otros deshechos producidos por los astronautas finalmente podrían convertirse en ladrillos para construir ampliaciones de la base marciana. Los experimentos parecen exitosos y las arenas pueden cementarse en dos semanas para producir una material tan resistente como el hormigón. Este grupo de investigadores incluso consiguió pasar esta habilidad a E. Coli mediante la inserción de los oportunos genes.

Naturalmente queda el problema de la posibilidad de contaminar la supuesta biosfera marciana con microbios terrestres. Así que hay que descartar cuanto antes la existencia de vida marciana, algo que debería ser sencillo.

Pero incluso puede que estos experimentos den lugar a algunas aplicaciones aquí en la Tierra. Los bioladrillos suenan bastante bien para una vivienda ecológica.


neofronteras.com

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