10/09/2012
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El británico John B. Gurdon y el japonés Shinya Yamanaka se han alzado con el Premio Nobel de Medicina 2012. El prestigioso galardón reconoce a dos científicos que han revolucionado la medicina regenerativa y han acabado con dogmas científicos que parecían difíciles de derribar. Sus trabajos científicos han demostrado que se puede dar marcha atrás al reloj biológico y reprogramar células adultas y diferenciadas para devolverlas a su estado inicial. Yamanaka y Gurdon tenían todas las «papeletas» para alzarse con el Nobel de Medicina por sus investigaciones en este campo y la Academia sueca no ha hecho esperar el galardón.

«Reprogramando estas células humanas, los científicos han creado nuevas oportunidades para estudiar enfermedades y desarrollar métodos de diagnóstico y terapia», subraya la argumentación del premio.

En 2006 cuando media humanidad debatía sobre la conveniencia de legalizar la clonación y destruir embriones para utilizar sus células madre, Shinya Yamanaka demostró que bastaba con insertar cuatro genes para transformar una célula de la piel en una que se comportara como si fuera embrionaria. Ese nuevo tipo celular, que llamó iPS, era el punto de partida para generar en el laboratorio neuronas, células musculares, cardiacas... o cualquiera de los más de 220 tipos celulares de un organismo humano.

Fin de un debate ético
Fue un hito científico que abre la puerta a la creación de tejidos y órganos de recambio, listos para trasplante, sin rechazo inmunológico ni reparos éticos. Su trabajo zanjó un debate ético sobre el uso de embriones y la clonación terapéutica al demostrar que para intentar curar ya no era necesario ni crear ni destruir embriones humanos.

Ese fue el paso de gigante que dio Yamanaka, pero el genetista John B. Gurdon le enseñó el camino cuarenta años antes. El científico británico fue el primero en pensar en ese cambio de concepto al afirmar que la «especialización de las células es reversible». Formuló la hipótesis y también la comprobó. Lo hizo en ranas, al reemplazar el núcleo de un óvulo de rana con el núcleo de una célula intestinal madura del animal, pese a lo cual el óvulo modificado acabó eclosionandoun renacuajo normal. Ese descubrimiento le permitió llegar a la conclusión de que «el ADN de la célula madura aún tenía toda la información necesaria para desarrollar todas las células en la rana».

abc.es

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