3/25/2012
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Hace poco menos de doscientos años, cada ciudad y pueblo se regia por su hora local, aquella que quedaba establecida por el Sol según su longitud. Entonces, las pequeñas diferencias en la hora solar entre lugares alejados unas decenas o centenares de kilómetros no suponían ningún problema para las relaciones entre ellos, fundamentalmente por dos motivos: los tiempos de viaje eran suficientemente largos como para que unos pocos minutos de diferencia no fuesen relevantes, y no había comunicaciones instantáneas entre ellos.

Este problema se agravó con la aparición del ferrocarril, y la necesidad que tuvieron las primeras compañías ferroviarias de establecer unos horarios coherentes para sus servicios, que entonces suponían un increible avance en el transporte terrestre, y se agravó todavía más con la llegada del telégrafo, que permitía las comunicaciones instantáneas entre lugares alejados cientos de kilómetros. El primer país que sufrió estos problemas, por su más adelantanda industrialización, fue Gran Bretaña. Los británicos del siglo XIX encontraron diferentes soluciones: las compañías ferroviarias empezaron utilizando en todos sus horarios y estaciones la hora de la sede de la empresa; pero esto no era lo más efectivo ni coherente. Así, en poco tiempo, se estandarizó un huso horario diferente de la hora local (solar) de cada asentamiento humano. 

Finalmente, en 1880, la hora de Londres, tomada por la hora solar en la longitud del Observatorio de Greenwich, en las afueras de la capital, se hizo oficial en Gran Bretaña. Fue el nacimiento del actual sistema de husos horarios, que se vería ratificado cuando poco tiempo después, en un congreso celebrado en los Estados Unidos, la comunidad interancional decidiera adoptar el Meridiano del Observatorio de Greenwich en Londres como “meridiano 0º”, que tendría por tanto su antimeridiano (el 180º, o la línea “natural” de cambio de fecha, que no se corresponde con la Línea Internacional de cambio de fecha por las modificaciones a la que a esta última han sometido los diferentes estados por motivos políticos o económicos).
La Tierra queda dividida, desde entonces, en 24 husos horarios; de 15º de longitud cada uno de ellos, sumando en total los 360º de la circunferencia de un paralelo. Los husos están centrados en cada uno de los paralelos desde el 0º hasta el 180º hacia el Este y el Oeste, cada 15º y se extienden 7,5º a Este y Oeste de cada uno de los paralelos centrales de los husos. Estos son los husos ‘naturales’, aunque evidentemente están tomados por convención; pero los estados los han modificado adscribiendo su territorio a uno u otro huso según su conveniencia. Un ejemplo es la República Popular China, que a pesar de que tiene su territorio continental extendido entre el huso GMT+5 (5 horas más que en Londres; GMT son las siglas inglesas de Greenwich Mean Time) y el GMT+9, tiene como hora oficial para todo él la hora de su capital, Pekín (el GMT+8). Esto lleva a una peculiar circuntancia en sus fronteras más occidental y más oriental: a pesar de compartir hora solar, hay tres o más horas de diferencia con sus vecinos Rusia, al Este, o Pakistán y Afganistán, al Oeste.


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